Colombia, 1 de noviembre de 2014

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La Sonora Matancera

Tropicana | 6 de Abril de 2005
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Don Rogelio Martínez es el genio detrás de la Sonora Matancera, sin duda el grupo más influyente en la historia de la música latinoamericana, el más grande de verdad. La genialidad de Martínez es muy particular: no se trata de que sea un gran cantante -aunque fue el primero que tuvo el grupo-, ni un gran guitarrista, sino de un talento especial que consiste en un gusto extraordinariamente refinado para escoger vocalistas, compositores y arreglistas, con lo que ha hecho de la Sonora Matancera una institución que no tiene paralelo en el mundo.

Por sus filas ha pasado lo más selecto de varias generaciones de cantantes, desde Daniel Santos a Celia Cruz, de Leo Marini a Carlos Argentino, de Vicentico Valdés a Nelson Pinedo, de Alberto Beltrán y Bienvenido Granda a Celio González, Bobby Capó y Yayo "El Indio", entre muchos otros que componen una lista que parece infinita. En el juego de la vida, el tesón y la calidad humana de Don Rogelio son igualmente características notables: sólo la combinación de todos estos atributos musicales y humanos ha podido lograr que la Sonora Matancera haya cumplido 70 años en la brecha, lo cual hace de ella la agrupación musical de más larga duración en la historia, como bien consta en el Guiness Book of Records. Un nuevo disco titulado De nuevo México, de una calidad extraordinaria, demuestra una vez más que el duende musical de este hombre, a sus 89 años, permanece intacto: tan soberbio o mejor que antes.

La mejor prueba de ello está en los temas de De nuevo México, que son de una elegancia y una sensualidad excepcionales, clásicos en su forma y en su belleza caribeña, refinados en su estructura musical y lírica, y de una perfección exenta de pretensiones: son el trabajo de un grupo que no puede sonar mejor.

Trompetas apagadas por sordinas, un piano hermoso y simple, percusión sugerente, coros y estribillos musicales que se repiten hasta alcanzar una rara exquisitez, cambios de ritmos en los momentos precisos, y la voz serena e imponente de Yayo "El Indio" asombran con cada nueva audición. La grabación es una joya que contiene canciones tan hermosas como románticas. Envuélvete conmigo, como dice su propia letra, llena la vida de ilusión (vida, quiéreme un poquito, no te arrepentirás, hay que vivir el momento con toda intensidad, canta Yayo "El Indio"); Maldita vida, tiene magníficos arreglos de vientos y una melodía plácida pero con garbo, y Pena de amor es un tema soberbio, de letra magnífica, que cuenta con un coro excepcional (no llores, no llores, que todo se olvida, yo sé lo que duele una despedida) sobre el que Yayo "El Indio" va variando cada estribillo, lo cual es acentuado por espléndidos vientos. Dos hermosos homenajes a la cumbia colombiana (Cumbia con melao) y a México (México), completan una serie de temas excepcionales, de una belleza profunda, hechos con un cariñito antiguo, especial, con un arte del que ya no hay.

Esta grabación de la Sonora Matancera ha tardado en realizarse más que ninguna otra -un año y dos meses-, debido al perfeccionismo que Don Rogelio Martínez exige en todas sus obras musicales. "No encontraba el estudio, no encontraba lo que yo quería... hasta que lo encontré, y cuando les llevé la grabación al sello WEA se quedaron con la boca abierta, pero creo que no lo están promocionando lo suficiente".

Las carreras de todos los cantantes antes mencionados comenzaron verdaderamente gracias a la Sonora Matancera: Daniel Santos, que fue el ídolo indiscutible de Cuba durante 15 años, era el cantante de un trío popular en Puerto Rico, pero fue con la Sonora Matancera que grabó La amnistía, El preso, El mambo es universal o el clásico En el juego de la vida; Celia Cruz realizó sus primeras canciones gracias a Don Rogelio, entre las que se cuentan El yerberito, Ritmo, tambó y flores, Melao de caña, Vamos a guarachar o Cao, cao, picao; Leo Marini inmortalizó Maringá, Fichas negras, Dos almas y Rico cha-cha-chá; Bienvenido Granda nos dejó No toques ese disco, Guaguacó de la timba, Oyeme mamá, y Angustia; Celio Gonzáles, el "Satanás de Cuba", cantó Total, No me engañes más, Quémame los ojos, El rey del amor o Intruso corazón; Carlos Argentino, Los muchachos, Ave María Lola, Ulelolaí-lolaí y En el mar; Bobby Capó, su inolvidable Piel canela y Así son los quereres; Nelson Pinedo, Yo me voy pa' La Habana y Hoy lo niegas; y Carlos Díaz "Caíto", Can, caneíto can, Cualquiera resbala y cae y Con maña sí, entre "no menos de 5,000 canciones" que son clásicos latinoamericanos desde hace muchos años. Don Rogelio escogió el repertorio musical para cada uno de estos cantantes, adaptándolo a su estilo personal, supervisó los arreglos y, en una palabra, los hizo. Por si fuera poco, la aportación musical de la Sonora Matancera no se reduce sólo a eso. La agrupación fue la primera en utilizar un timbal primitivo cuando empezó a tocar el bongó con baquetas, y la primera también en introducir vientos en la música afrocubana.

Sesenta y cinco figuras

"En las décadas del 40 y 50, logramos dar a conocer en todo el mundo a 65 figuras, entre ellas, Daniel Santos, que fue el primero; Bienvenido Granda, Celio González, Celia Cruz, Alberto Beltrán, Nelson Pinedo, Leo Marini en su segunda etapa, Bobby Capó, Carlos Argentino, Yayo "El Indio"... Me va a tener que perdonar pero se me olvidan todos los nombres," se disculpa Don Rogelio, hombre de fina estampa, cubano clásico de pura cepa, de cuyos labios pende perennemente un habano que enciende una y otra vez.

"El primer director de la Sonora Matancera fue Valentín Cané", cuenta Don Rogelio, "pero Cané era un hombre mayor y cuando empezamos a tener éxito y a correr de aquí para allá, la salud empezó a resentírsele porque padecía de asma cardíaca. Entonces, él se retiró, aunque siguió percibiendo su dinero, porque no podíamos permitir que siguiera tocando las tumbadoras y le diera un ataque cualquier día. Eso fue a finales de la década del 30. Y los demás se reunieron y me dijeron que yo era la persona indicada para dirigir la Sonora Matancera. Yo acepté con una condición: que me dieran toda la cooperación necesaria. Así empecé y hasta ahora estoy en esto". La Sonora tocaba por esa época en una academia de baile de La Habana, donde trabajó nada más y nada menos que durante 18 años. El primer cantante estrella de la Sonora fue Daniel Santos, "porque nosotros siempre hemos tenido un cantante de plantilla del grupo, y además, las figuras que íbamos creando. Celio González, que era cantante de plantilla, se convirtió en estrella también. Después vino... ¡Ave María, carajo, se me olvida!", dice asombrado.

La época de Daniel Santos

A pesar de la fama de pendenciero y provocador que Daniel Santos cultivó durante toda su vida, Rogelio Martínez nunca tuvo un problema con él. Había entre los dos un respeto de músicos, una valoración de lo que hacían y una amistad. "Mire, siempre me decía: 'Oigame gallego, ¿a qué hora quieres que esté en el baile?' 'A tal hora', le respondía yo. Y siempre llegaba a tiempo. No tengo queja. Lo que pasa es que a Daniel le tenían mucha envidia porque lo cierto es que se adueñó de Cuba".

La integridad de Don Rogelio es una cosa conocida, pero una anécdota sirve para ilustrarla. "Una vez me vinieron a buscar para tocar en una fiesta en Santiago de La Vega, en la provincia de La Habana, y me ofrecieron 35 dólares", dice Don Rogelio. 'Le cuesta 500 dólares', le digo yo. '¡Cómo!', me responde el hombre. 'Mire', le digo, 'nosotros vamos a tocar y Daniel va a cantar y usted arregla con él aparte'. En toda mi trayectoria, nunca me tomé la libertad de hacer negocios para ninguna de las figuras hechas por la Sonora Matancera. Yo llevaba los contratos de la Sonora y los cantantes llevaban los suyos, para evitar malentendidos".

La voz profunda de Don Rogelio continúa contando como conoció a Celia Cruz. "La conocí en el show del Tropicana", dice. "El empresario que lo llevaba por entonces me llamó la atención sobre ella: quería que la escuchara para ver si podía hacer algo, ella me dijo que se llamaba Celia Cruz, y yo le respondí que la llamaría por teléfono, pero tenía tantas cosas que hacer que se me olvidó. Al ver que no la llamaba, ella se apareció un día, me dijo que si quería verla cantar un número y yo le dije que sí, cómo no. Y cuando esa negra abrió la boca se me pusieron los pelos de punta, cuando oí eso la puse en mi programa de Radio Progreso, en La Habana, y le hice un nuevo repertorio".

"Yo no compongo nada; lo que hago es escoger el repertorio para el cantante, y creo que nunca he fallado. Cuando llegó Sidney Siegel, que era el productor de Seeco Records, fue a verme al programa de radio y cuando le dije que iba a grabar a Celia Cruz, me respondió: 'Pero cómo es posible, ¿te has vuelto loco?' Yo le respondí que si él no quería producir el disco, yo me buscaba al día siguiente otro estudio 'porque tú no me puede decir a quién grabo y a quién no. Hacemos lo siguiente: yo voy a grabarla, te mando la cinta y si no te gusta me la devuelves y nosotros nos hacemos cargo de ella'. El tema que grabó Celia fue El yerbero moderno. A los 15 días suena el teléfono en mi casa como a las 2 o las 3 de la madrugada. Empezamos a hablar, pero yo no entendía lo que quería, hasta que me dijo: 'Rogelio, la muchacha esa que te dije que no la grabaras, bueno pues voy a firmarle un contrato de exclusividad'. 'Bueno', le dije yo, 'eso lo tienes que hablar con ella'."

Don Rogelio, explica cómo realiza este singular proceso con el que ha hecho a decenas de figuras de la música latinoamericana. "Primero tengo que oírle cantar. Después, trato de hacerle un ensayito, a ver qué me dice, para ver cuál es su estilo. Ahí es cuando sé qué repertorio le va. Yo nunca busqué o tomé ningún número de una manera arbitraria: necesito saber cómo es el timbre de voz y la dicción de un cantante primero y entonces busco un buen repertorio. Con Alberto Beltrán me pasó lo mismo: le vi cantar y me interesé por él y le dije que me cantara una canción que yo le iba a elegir, y que si la bordaba ése iba a ser su gran éxito. No se lo podía creer: todos los números fueron éxito, a tal punto que aunque ha hecho cosas nuevas, siempre tiene que volver al repertorio que yo le di porque es lo que la gente quiere escuchar".

"Todo lo que sucede conviene"

Las aventuras con Seeco Records, compañía con la que la Sonora ha grabado la mayor parte de sus discos, no han sido siempre positivas. Esta disquera lleva sacando discos y recopilaciones del grupo desde los años 60, material por el que Rogelio Martínez no ha percibido los derechos que le corresponden. Don Rogelio no se altera. Hombre de refranes clásicos que aplica para todo, dice con tranquilidad: "Todo lo que sucede conviene, por un motivo u otro".

Rogelio cuenta como ejemplo la anécdota de un manager que le quitó a Bienvenido Granda, que estuvo 11 años como cantante de plantilla de la Sonora. "Estábamos en un club y andaba por ahí un muchacho -Justo Betancourt- que va y me dice: 'Qué pasa Rogelio'. Y yo le contesto: 'Nada, chico, el desgraciado este que me dejó sin cantante'. 'No te preocupes Rogelio, canto yo', me dice. No sabe qué favor me hizo ese manager".

La Sonora Matancera, que lleva 70 años en los escenarios y recientemente estuvo de gira por Alemania, Francia e Inglaterra, sabe perfectamente cómo funciona el mundo del espectáculo. "El chiste no es formar escándalo -que yo lo he formado para seguir adelante-, el chiste es mantenerlo", dice Rogelio. Cuando actuamos en Tenerife, en 1987, el productor del concierto me dijo que habíamos roto todos los récords de audiencia y yo me preguntaba a qué récord se refería, porque la Sonora Matancera reunió en 1976 a 100,000 personas en el Parque Bolívar de Cali, Colombia. A mí no me gusta hablar fuera de tiempo, pero en Tenerife 240,000 fueron a vernos a la Plaza España y lo bueno del caso es que era todo juventud, que es lo importante. Yo creo que la Sonora Matancera es una institución y que nuestra música pasa de padres a hijos y nietos. Pero, claro, le tengo que decir algo: esa gente no viene por nada, porque la Sonora Matancera también se porta, y está siempre a la altura".

El primer concierto de la Sonora Matancera en Nueva York tuvo lugar en 1962, en el antiguo y renombrado Palladium. Celio González era entonces el cantante principal y la actuación fue todo un éxito. "No hay nada más socorrido que el almanaque", sentencia Don Rogelio. "Míreme a mí. Yo salí de Cuba el 15 julio del año 60 a cumplir un contrato de cuatro semanas prorrogable, y la prórroga ha durado ya 34 años". Antes de Nueva York, la Sonora había estado dos años en México y uno en Venezuela.

Volver a empezar

"Me puse en contacto con Catalino Rolón e hicimos un contrato para tocar en el Palladium de Nueva York", continúa Rogelio. "Cuando se terminó el contrato me pregunté qué iba a hacer, porque yo no sabía inglés. Pero tengo la buena o mala costumbre de que cuando tengo un problema de esta naturaleza compro cinco puros y me siento solo a hacerme preguntas y a responderme y a fumar tabaco. Mi habitación daba a Broadway y fumando y preguntándome me dije: 'Mira Rogelio, si quieres te puedes quedar aquí en Nueva York, pero con una condición: tienes que comenzar tu carrera de nuevo'. Cuando me dije eso, me cayeron dos lágrimas que si hubieran sido puñales me hubiesen matado, pero no había otra salida y mírame: aquí estoy todavía".

En México Rogelio se encontró con Pérez Prado, "le llamábamos 'cuello duro' porque iba siempre muy estirado. Cuando Dámaso llegó a México sólo había cinco trompetistas que podían tocar en esa tesitura que él escribía para el metal. Luego llegó el Trío Matamoros y con ellos iba uno que fue famoso y seguirá siendo famoso: Beny Moré. El Trío Matamoros regresó para Cuba pero se quedó Beny Moré, que empezó a trabajar con Pérez Prado y para mí, digan lo que digan, hay una realidad: quizá él no sea el creador original del mambo pero para mí lo es, porque hay que reconocer y aceptar de hecho y de derecho que el hombre que lanzó el mambo a nivel mundial se llamó Dámaso Pérez Prado, todo lo demás son cuentos". Además de Pérez Prado, Rogelio ha sido gran amigo y admirador de Mario Bauzá, uno de los músicos fundamentales en la música afrocubana y el jazz, recientemente fallecido.

Actualmente, la Sonora Matancera está compuesta de José Luis Cruz, al piano; Félix Vega, Guido González y Calixto Leisea, en las trompetas; Raymundo Muñoz en el bajo, que sustituyó a su padre, uno de los miembros fundadores; Willy "El Baby" en timbales y coros, George Delgado en las tumbadoras, Yayo "El Indio" en la voz y, por supuesto, Rogelio Martínez en la guitarra.

El objetivo principal de Rogelio Martínez hoy en día es mantener la agrupación el mayor tiempo posible. "Setenta años es un récord, pero yo quiero que dure todavía más", dice con pleno convencimiento.

Don Rogelio sigue con la misma vitalidad, con la misma serena inquietud que siempre lo ha caracterizado. Tan tranquilo dice: "Yo no pienso morirme hasta por lo menos dentro de 25 o 30 años. Y sabes cuántos años tengo: 89. Siempre he sido un tipo soñador que he estado pensando más en el futuro que en el presente. Y sabe qué: lo adiviné. Estoy contento con mi agrupación y sé que lo que he logrado no me lo quita nadie".

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La Sonora Matancera, 75 años de música

Rafael Lam

La Sonora Matancera, el conjunto más famoso del planeta -según dicen los colombianos y muchos latinoamericanos- cumple 75 años del bautizo en 1932. Ocho años se mantuvo sin nombre fijo, comenzó el 12 de enero de 1924 como Tuna Liberal bajo el mando de Valentín Cané.

Nace en una humilde casa del tresero Valentín Cané, de la calle Salamanca 41, entre Ayuntamiento y Jovellanos, en el barrio Ojo del Agua de la provincia de Matanzas, Cuba. Luego de muchos ensayos se estrenan en una fiesta, en 1924, en el Parque Central matancero.

Los integrantes eran: José Manuel Valera (voz prima y guitarra), Juan Bautista Llopis (voz segunda y guitarra), Julio Govín (coro y guitarra), Domingo Medina (Guitarra), Pablo Vázquez (contrabajo), Ismael Goberna (cornetín), Manuel "Jimagua" Sánchez (timbalito), Valentín Cané (tres y director).

A partir de esta nómina inicial, sufren muchos cambios, causan baja unos y entran otros decisivos en el futuro del piquete, uno de ellos es Carlos Manuel "Caíto" Díaz. En 1935 ingresa Calixto Leicea, Humberto Cané reemplaza a su padre Valentín. En 1937 el genio Dámaso Pérez Prado ejecuta el piano.

Y el perfil definitivo lo alcanza en la década de 1940, cuando se integra como cantante de plantilla Bienvenido Granda; Severino Ramos en el piano; Pedro Knight, trompeta, que le hace la segunda a Calixto Leicea; Severino Ramos en el piano, quien se considera que crea y fija el sonido único del conjunto.

En 1944 Lino Frías ingresa en el piano, el trompetista Pedro Knigh (después esposo de Celia) y Rogelio Martínez, guitarrista y cantante. y lo sustituye otro coloso Severino Ramos. También pasaron por la agrupación Antonio "Musiquita" Sánchez, Rubén González (el de Buena Vista Social Club) y Frank Emilio Flyn.

Después del nombre de Tuna Liberal vino el de Sexteto Soprano y en 1926 Estudiantina Sonora Matancera, ya constituido como el mejor conjunto de Matanzas.

El 12 de enero de 1927 siete guajiros matanceros viajan por primera vez 90 kilómetros a la gran Habana. Se presentan muy encopetados con sombrero clásico de pajilla, traje negro y corbata, todo con mucha elegancia, como se exigía en aquellos tiempos. No imaginaban que al pasar de los años harían historia en su consagración musical con ribetes de leyenda y hasta de mito.

En 1927 el nivel musical en La Habana era fuerte, acontecía el primer gran Boom del son cubano con el despegue de los septetos como El Habanero y el Occidente de María Teresa Vera, la radio ya funcionaba desde 1922 y las grabaciones pululaban a través de la RCA y la Columbia.

Los músicos matanceros tuvieron que comenzar por la academia de baile Habana Sport (donde se bailaba con una dama por una moneda). Después pasaron por algunas sociedades españolas, el Club Sociedad de los 20 cabaret Eden Concert, alternando con la orquesta de Julio Brito.

La época de oro de La Sonora comienza con la popularidad de los conjuntos en la década de 1940, Cristóbal Díaz Ayala lo sitúa entre 1947 a 1959.

La Sonora se especializó en acompañar a cantantes cubanos y otros que visitaban Cuba. Bienvenido Granda (El Bigote que canta) fue a partir de 1940 su primer cantante de plantilla, con 25 años se convierte en un ídolo con aquella exquisita voz nasal que resultaba muy atractiva. Fue un éxito inolvidable: "A la orilla del mar" y sus muchas grabaciones lo colocan entre Los Grandes del Bolero.

En 1954 Estanislao Sureda (Laíto) sustituye a Bienvenido, visitan en 1955 Colombia y Venezuela con Celia Cruz y Alberto Beltrán. A su regreso lo sustituye en mayo de 1955 el Flaco de Oro, Celio González, quien cantaba los boleros como si el corazón se le fuera a salir. Aquellas grabaciones "Total", "En el balcón aquel", "Es mi súplica", desmayaban en las victrolas a los románticos del mundo.

Celia Cruz comienza en La Sonora el 1 de agosto de 1950, tras vencer todas las discriminaciones raciales de la época. El editor de la disquera la consideraba "no comercial". Grabó en enero de 1951 "Cao cao maní picao" y "Mata Siguaraya", lo suficiente como para demostrar su talento y convertirse en imán de taquilla. La historia es larga y conocida.

Daniel Santos fue una leyenda en La Sonora, llega a Cuba en el verano de 1946; en 1948 comienza a trabajar con el conjunto y llega a convertirse en un verdadero fenómeno. Graba 86 canciones, muchas antológicas como "Bigote gato", "Dos gardenias", "Llevarás la marca", "Y qué mi socio", "Patricia", "En el tíbiri tábara".

Otros cantantes que grabaron fueron Nelson Pinedo, Carlos Argentino, Miguelito Valdés, Toña la Negra, Myrta Silva, Alberto Beltrán, Vicentico Valdés, Manuel Licea (Puntillita), Bobby Capó, Olga y Tony, Orlando Vallejo, Hermanas Lago, Alfredito Valdés, Rey Caney, Miguel de Gonzalo, Rodolfo Hoyos, Ismael Miranda, Chito Galindo, Johnny López, Carmen Delia Dipini, Mirtha Silva y muchos más.

¿Dónde está el secreto, la magia de la Sonora Matancera?

Haciendo una recopilación, un estudio de los investigadores y especialistas del conjunto matancero, a través del Dr. Héctor G. Bedoya, Helio Orovio, Ayala y otros llegamos a la conclusión de que fueron muchos factores que se conjugaron.

"Siempre he pensado -habla Orovio- que en la Sonora se consiguió una cosa mágica, un acabado, una perfección de todos los elementos de la música popular. Buena selección de los instrumentistas, los vocalistas y el repertorio.

"Buena parte del resultado final del producto sonoro se debe a los arreglos del matancero Severino Ramos. Sus dos trompetas muestran un ajuste perfecto, un empaste y acoplamiento no fácil de conseguir; tanto a dos voces como al unísono. El piano se mueve en acordes simples y fraseo muy melódico en los boleros y en sabrosos tumbaos soneros en las piezas movidas.

"El contrabajo realiza obstinados rítmicos en los boleros y guajeos constantes en sones, guarachas, cumbias y merengues. Las tumbadora lleva un ritmo fijo, estable, mediante dos golpes básicos.

"Los timbalitos ejecutan el martilleo, pero con baquetas, lo que imprime un timbre peculiar; el cencerro o campana de sonido agudo contribuye a la vivacidad en sones, guarachas y rumbas. Las voces del coro tienen un sello, con su segundo clásico, un primo brillante y el falsete característico".

Ayala considera que tiene mucho que ver el genio sagaz de Rogelio Martínez, un músico discreto, pero hábil empresario que puso La Sonora a disposición de muchas estrellas de todo el continente. Ya eso entra en el campo del marketing, de la disciplina y el rigor comercial de la dirección del conjunto.

El 5 de julio de 1960 la Sonora parte a cumplir un contrato a México, después comienza una saga por todo el continente americano. En 1962 se presenta en el Palladium de Nueva York, y de ahí realiza numerosas giras por Europa y América Latina. Actuaron y grabaron con el conjunto Justo Betancourt, Welfo, Roberto Torres, Yayo el Indio y otros.

En la década de 1960 el sonido "matancerizante" sirve de guía -al igual de el conjunto de Arsenio y varias orquestas charangas como Fajardo, Aragón y Sensación- en la salsa latina, en nombres como Johnny Pacheco y Oscar D´León.

El 1 de junio de 1989, en su aniversario 65, se presentan en el Carnegie Hall y el 3 de junio en el Central Park de Estados Unidos. Estuvieron presentes especialmente Vicentico Valdés, Celio González, Alberto Beltrán, Nelson Pinedo, Leo Marini, Bobby Capó, Daniel Santos, Celia Cruz, Caíto, Javier y Elpidio Vázquez y su director Rogelio Martínez, entre muchos otros, para perpetuarse en la historia.

En sólo cuatro de sus músicos se contaban más de 300 años. En América surjen sonoras copiando a la de Cuba: México, Colombia, Puerto Rico, Nueva York y Venezuela: Coco, Alquimia, y en el renacimiento del son y la trova del Buena Vista Social Club, aparecieron en La Habana el Caney, Laíto -hijo y padre-, el Muzo y muchos más.

En Colombia existen muchos club de La Sonora Matancera, la "matancerización" es una enfermedad incurable y el máximo adicto, de Medellín, se llama Héctor Rodríguez Bedoya, que colaboró en este capítulo dedicado a nuestra Sonora Matancera, de Cuba y del mundo.

La Sonora, según opinión de C.D. Ayala, agregó por momentos otra trompeta, la tumbadora y hasta el bandoneón del argentino negro Joaquín Mora, nunca abandonó la guitarra típica".

El colombiano Fabio Betancur dice que "posee una sonoridad internacional sin desnaturalizar sus raíces". Orlando Mora considera a la Sonora como "una agrupación insigne del Caribe".

Otro colombiano, Umberto Valverde, opina que "La Sonora es hoy día una institución venerada por los conocedores de la música. Son una vertiente magnífica de la música cubana, una de las mayores riquezas del siglo XX".

Para Nelson Pinedo, "La Sonora constituye el fenómeno artístico-musical más auténtico y consistente de la música latina de todos los tiempos".

La Sonora en este 2007 sobrepasa las Bodas de Diamante. Más de mil grabaciones con doce sellos disqueros, intervino en ocho películas y sus músicos visitaron 29 países. Se han escrito cuatro libros sobre La Sonora y la historia no ha terminado aún, la leyenda continúa.

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