
Albita Rodríguez a mano y con el corazón guajiro
Cierto que la cantante cubana defiende aquellos trabajos algo almidonados y encorsetados con elegante diplomacia. Una aleccionadora experiencia para retomar su original derrotero artístico.
Sin embargo, el reciente Hecho a mano la retrata con otra luz: la del artista entregada a exhibir sin recatos sus señas de identidad guajira, aparte de abandonarse a una escritura más literaria, textos de confesiones más íntimas o crónicas de amores que se reclaman con ternura, nostalgia y frágiles certezas.
Un disco que procura el son cubano en sus formas nobles, pero a la vez lo recorre con ánimo de poblarlo con elementos urbanos, más atractivos por lo que tienen de inmediato.
La primera impresión al oírlo es la de un trabajo que continúa la cuerda del anterior, Son, colección interpretaciones de clásicos cubanos, más dos o tres temas originales. Pero en cuanto se le escucha con atención, Hecho a mano pone distancia de aquél con un programa de espíritu miminalista, un decir menos exhibicionista.
En efecto, con la excepción del batería Fernando Pina, Albita ha grabado estas sesiones de estudio con nuevos músicos, orientados por arreglos más sueltos; que rezuman experimentación sin caer en lo forzado ni los facilismos para agitar las neuronas.
Ya desde el título se alude a esa cultura de los torcedores de habanos: la infinita laboriosidad, la paciencia para trabajar los detalles, abandono a la exquisitez.
Que, por cierto, podría una definición del trabajo trovadoresco. Y este disco, a no dudarlo, se inscribe en la tradición de la trova cubana.
Juntos a sones de carácter tradicional (como Formas, o Yo quisiera), los hay que han sido deliciosamente sajados por una suerte de rap cubano (caso de Son sin concepto) o aires jazzísticos (Vivo); con la batería de Pina interviniendo con ataques roqueros, mientras el tres de Yalil Guerra suma densidad criolla y vigor guajiro.
Hasta el tema de santería, La magia de Ochún, que rompe la panorámica de contrastes soneros, encaja perfectamente en el programa. Que termina con lo que seguramente se tomará como una metáfora de la trayectoria de la cubana: Andan diciendo por ahí, una rumba alude a una mujer que se limpia de cuerpo entero y que se despide del pasado para que no le haga daño.